Al principio se expresan a base de miradas, muecas, lloros… y están especialmente atentos al tono con el que nosotros, sus padres, pronunciamos palabras y frases.

Observando nuestra manera de hablar nuestros hijos/as van descubriendo la utilidad del lenguaje y se van animando a practicarlo.

Es aconsejable apoyar lo que decimos con muecas y con gestos, así captaremos mejor su atención y él/ella recordará nuestras palabras con menos esfuerzo.

Los niños/as al empezar a hablar cometen errores, esto se debe a que crear palabras les resulta mucho más complicado que recuperarlas en su memoria para entender lo que les decimos. Para ponérselo mas fácil, los padres debemos evitar cometer ciertos errores con nuestro hijos/as:

  • Corregirle continuamente. Si lo hacemos es muy probable que el niño/a coja miedo a hablar y decida noa rticular palabra.
  • Imitar su lengua de trapo. Es él/ella quien debe aprender a hablar como nosotros, no al contrario, y si le imitamos le costará mucho más empezar a hablar bien.
  • Reírnos de su forma de hablar. Esta actitud es muy negativa porque puede producir 2 consecuencias; puede hacer que el niño/a siga expresándose así porque a sus padres les hace gracia; o al contrario, que deje de hablar por vergüenza.
  • Infantilizar su lenguaje. Si utilizamos diminutivos u onomatopeyas cuando nos dirigimos a él/ella, hablará con un lenguaje más pobre.
  • No darle tiempo para expresarse. Acabar su frases y darle lo que pide sin que termine de expresarse, son hábitos que aumentan las probabilidades de que tartamudee y de que opte por no esforzarse y no hablar.
  • Obligarle a pronunciar bien una palabra. Puede producir el efecto contrario, ya que puede hacer que fije en su mente la expresión incorrecta, puesto que no sabe decirla de otra manera.

A todos los padres nos preocupa que nuestros hijos/as sufran un retraso en cualquier aspecto de su desarrollo y a la hora de aprender hablar nos preocupa que:

  • Pronuncien mal. Las dislalias se presentan cuando el niño/a mayor de 4 años no pronuncia bien algunas palabras. Para que vaya mejorando su dicción debemos repetir bien lo que él/ella no sabe pronunciar, de este modo irá tomando nota de cómo debe decirlo la próxima vez.
  • Tartamudeen. En es te caso, su mente va mas deprisa que su lengua y por eso se “atasca”. Para evitarlo, les debemos transmitir serenidad, decirles que hablen despacio y darles el tiempo que necesiten para expresarse.

De vez en cuando, cuando les hablamos, debemos llevar su mano a nuestra garganta, así vinculará los sonidos con los órganos que los producen y pronunciará mucho mejor.

Artículo: Revista Crecer Feliz. Nº 280