Los niños/as son más vulnerables a los efectos de la deshidratación que las personas adultas. No saben expresar que están sedientos y además no suelen ser conscientes de que tienen sed si se hallan entretenidos con alguna actividad, según el Observatorio Hidratación y Salud (OHS).

Según la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), hasta los seis meses de edad los bebés necesitan beber de 100 a 190 mililitros diarios de agua por kilogramo de peso corporal, a partir de la leche materna.

La Organización Mundial de la Salud (OMS), la Asociación Española de Pediatría (AEP) y la Academia Americana de Pediatría (AAP) recomiendan la lactancia materna exclusiva y ‘a demanda’ durante los primeros seis meses de vida del recién venido al mundo.

Durante esa etapa el bebé que es amamantado no necesita tomar agua o zumos, porque obtiene el líquido suficiente con el agua que le aporta la leche de la madre. A partir de los seis meses las necesidades de hidratación infantil aumentan progresivamente.

Síntomas de deshidratación: falta de producción de lágrimas, la piel, boca y lengua resecas, los ojos hundidos, la epidermis grisácea, menos orina en los niños pequeños… El hundimiento de las fontanelas de la cabeza (separaciones que hay entre los huecos del cráneo), cuando se trata de un recién nacido…

Aunque el riesgo de deshidratación aumenta cuando el calor arrecia, hay que tomar precauciones con los pequeños y medidas para mantenerlos hidratados, a lo largo de todo el año, ya que debido a su intensa actividad física fácilmente pueden transpirar copiosamente.

Aunque los niños tienen una menor capacidad para transpirar, sus necesidades de hidratación no se diferencian demasiado de las de los adultos. Debido a ello, la temperatura de su cuerpo aumenta con mayor rapidez en comparación con la gente adulta.

Los niños presentan un sistema inmunológico menos formado y por tanto están más expuestos a sufrir afecciones y enfermedades. Una de las más frecuentes son las diarreas que, en muchas ocasiones, asocian una pérdida de líquidos y un aumento del riesgo de deshidratación”, de acuerdo a los expertos del OHS.

La Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) brinda una orientación sobre los requerimientos de agua en la edad infantil, que incluyen el agua bebida y otros líquidos como zumos, caldos, batidos o infusiones, así como el agua presente en los alimentos.

Se calcula que las bebidas aportan alrededor del 80% de la ingesta diaria de líquidos, mientras el resto proviene de los alimentos. Estos porcentajes se han calculado con una temperatura ambiental y actividad física moderadas.

Entre los seis meses y año de vida, deben beber de 800 a 1.000 ml. por día, entre 1 y 2 años de edad de 1.100 a 1.200 ml/día, de los 2 a los 3 años de edad, 1.300 ml/día, y de los 4 a los 8 años de edad, 1.600 ml./día.

Entre los nueve y los tres años de edad, las niñas necesitan beber 1.900 mililitros diarios y los varones 2.100 mililitros, y a los 14 años las mujeres han de beber 2 litros diarios y lo varones 2 y medio litros, de acuerdo a los cálculos de la EFSA.

En líneas generales, según el OHS, para que nuestro cuerpo funcione correctamente, la cantidad de líquido que es necesario aportar al organismo tiene que ser la misma que la que eliminamos a través del sudor, la orina, la respiración, la transpiración de la piel, etc.

Por eso los especialistas del OHS recomiendan beber al menos dos litros de líquido al día. Cuando hace calor, se realiza una actividad física más intensa o se suda en exceso o se sufren vómitos o diarreas se necesita beber más.

Según el Observatorio Hidratación y Salud, los dos litros diarios de líquido que se recomienda beber, habitualmente se consigue a través de variedad de los alimentos y las bebidas. Alrededor de medio litro se obtiene de alimentos ricos en agua como frutas y verduras. El otro litro y medio lo pueden proporcionar 6 u 8 vasos de líquidos (agua, refrescos, zumos e infusiones).

El agua debe ser la bebida preferida para darles a los niños/as, aunque ellos prefieran beber zumos y refrescos azucarados de los cuales no conviene abusar, porque puede favorecer la aparición de caries y la obesidad en los más pequeños. Otra opción para que tomen más líquidos con sabor son las sopas, las cuales pueden servirse frías durante los meses cálidos.

Artículo: terra.es

 

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