La depresión y el estrés son dos de los problemas de salud más importantes en la actualidad. Y uno de cada cinco adolescentes padece sus consecuencias.

Entre las señales del estrés habituales en la adolescencia figuran taquicardias, aumento de la agresividad, abuso de sustancias tóxicas, como el alcohol o las drogas, y el desarrollo de alguna enfermedad física. Como destaca Esther Calvete, profesora de psicología de la Universidad de Deusto, “el estrés responde a una situación de desajuste vital, por ejemplo: un examen en el instituto, discusiones con los amigos o la separación de los padres”. Cuando el estrés es intenso, pueden surgir síntomas de diversa naturaleza: ansiedad, depresión o conducta agresiva, entre otras.

No es sencillo diagnosticar una depresión durante la adolescencia, ya que en esta etapa son habituales los altibajos en el estado de ánimo. Además, indicios tan típicos de la depresión como tristeza, problemas para dormir o falta de autoestima pueden estar enmascarados por una conducta desobediente, discusiones frecuentes, consumo de drogas, etc.

Durante la adolescencia, ser aceptado por los demás se convierte en una necesidad psicológica fundamental. Esta necesidad de aceptación tan intensa “se debe a los estereotipos y valores que caracterizan la cultura occidental”, considera Calvete. A las chicas se les enseña, en mayor medida, que es importante agradar a los demás, lo que implica tener un aspecto físico que guste. Si estas situaciones se repiten de forma prolongada, pueden desarrollarse los síntomas depresivos.

Algunos estudios señalan que a partir de los 13 ó 14 años aumentan los casos de depresión de una forma muy acusada. Este incremento se prolonga durante toda la adolescencia. Las chicas se deprimen con más frecuencia que los chicos: al final de la adolescencia, la tasa de depresión del sexo femenino es el doble que la del masculino.

Exigencia académica

Una de las principales causas de depresión en la adolescencia es la exigencia por obtener buenas notas. Las quejas sobre la cantidad excesiva de deberes, exámenes o trabajos que entregar y muy poco tiempo son habituales. Esta presión no sólo es responsabilidad de los padres. Los expertos coinciden en que hay una presión social que empuja a ser cada vez más y más competitivos.

Autoestima

El autoconcepto es la imagen que se tiene de uno mismo y la autoestima es la medida en que esa imagen gusta o no al propio individuo. La autoestima es positiva si la imagen que tiene una persona de sí misma es positiva.

Es papel fundamental de los padres para que el adolescente mejore su autoestima. Para que los progenitores contribuyan a fomentar una autoestima sana en sus hijos/as, aconsejan:

.- Aceptarles tal y como son.

.- Descubrir qué tienen de especial y decírselo.

.- Tratarles con respecto y afecto.

.- Premiar sus éxitos y sus esfuerzos.

.- Ayudarles a aceptar sus propias limitaciones.

.- Colaborar para que se fijen metas razonables.

.- Ayudarles a conseguir el éxito social porque es básico para ellos.

.- Fomentar su autonomía mediante la confianza y permitirles asumir responsabilidades.

.- Entrenarles para solucionar problemas interpersonales.

Artículo: Eroski Consumer

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