Tres de cada 1.000 niños/as nacen con displasia de cadera, una alteración que provoca que la cabeza del fémur se encuentre fuera del lugar donde normalmente se ubica, una cavidad específica llamada acetábulo.

Aparece con más frecuencia en los bebés nacidos del primer embarazo, de sexo femenino (ocho de cada diez afectados son niñas), los que se presentan de nalgas en el parto, los que vienen de embarazos múltiples o con antecedentes familiares tienen más riesgo de desarrollar la displasia. Sin embargo, su tratamiento es sencillo y el trastorno no suele dejar secuelas.

Diagnóstico y tratamiento

Tanto la detección como el tratamiento precoz son determinantes en la evolución del trastorno. Al aumentar la edad del pequeño, se incrementa también el riesgo de secuelas futuras, como retraso en el inicio de la marcha, la aparición de cojera o el acortamiento del muslo.

Desde el nacimiento hasta que el bebé empieza a caminar, la displasia de cadera no produce síntomas; sin embargo, el pediatra podrá detectarla por otras señales en las revisiones rutinarias:

.- El clic. Consiste en un sonido que producen las caderas del pequeño/a cuando, en la exploración, el médico realice las llamadas maniobras de Ortolani y Barlow. Gracias a ellas se coloca la articulación si está luxada o dislocada. Sin embargo, este chasquido en sí mismo no confirma la existencia de la displasia. De hecho, se presenta en el 2 o 3% de los recién nacidos, pero si desaparece en los primeros días, no se considera patológico, aunque sí un factor de riesgo para desarrollar posteriormente la displasia de cadera.

.- Diferencias en la longitud de los miembros inferiores,

.- Distinta altura en los pliegues de los glúteos o los muslos

.- La imposibilidad de separar las piernas con las rodillas flexionadas.

El tratamiento se determina en función de la edad del niño/a y de la gravedad de la displasia. En los casos diagnosticados de forma temprana, es decir, en los seis primeros meses de vida, el pediatra aconsejerá que ponerles un doble pañal, al menos durante tres meses y las 24 horas del día, para mantener sus piernas separadas en “posición de rana” y lograr así una colocación correcta de la cadera. Si esta opción no da resultado, la alternativa es recurrir al arnés de Pavlik o de Frejka (un dispositivo ortopédico para reubicar la cadera en la articulación). Suelen bastar unas seis semanas de tratamiento, aunque, en ocasiones, puede alargarse de dos a cuatro meses.

Pero cuando la detección es más tardía (después de los cinco meses), no se puede reducir la luxación con métodos ortopédicos y suele ser necesaria la cirugía. Sin embargo, esta es la opción menos frecuente porque, por lo general, la displasia de cadera es leve y se resuelve en los primeros meses del bebé.

Artículo: guiadelnino.com

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