Gafas de solEs la única parte de nuestro cuerpo que no necesita crema solar y no se broncea. Sin embargo, es más sensible al sol que cualquier otra.

Los efectos de las radiaciones solares pueden causar a nuestros ojos patologías irreversibles. La razón es que los ojos son 20 veces más sensibles a los rayos solares que la piel. Y, a diferencia de ésta, los ojos no producen melanina, por lo que es menor su capacidad natural de protegerse frente a la radiación del sol.

Son muchas las personas que utilizan gafas de sol habitualmente pero el Consejo General de Colegios Oficiales de Farmacéuticos, asegura que tan sólo un 4% de la población española utiliza gafas adecuadas.

La diferencia fundamental entre unas gafas de sol sin la debida homolagación  y las que sí la tienen es que las primeras sólo filtran los rayos visibles, y no la radiación ultravioleta. De esta manera engañan al ojo: la pupila se dilata más al detectar menos cantidad de radiación ultravioleta e infrarroja perjudicial, con lo que se incrementa el riesgo de lesiones oculares. El problema es que la radiación solar se almacena en el cristalino y no se elimina. Los ojos tienen capital solar, es decir, el efecto de las radiaciones es acumulativo.

Calidad

La normativa comunitaria de 1997 (EN 1836) recoge una serie de estándares que han de cumplir las gafas antes de salir al mercado.

En primer lugar, deben superar las pruebas de laboratorio, desde las mecánicas, como valorar las posibilidades de que se deforme la montura, hasta medicciones con un espectrofotómetro que analiza la capacidad de filtrar la luz visible y los rayos ultravioleta. Tras superar estos controles, consiguen la “marca CE”, criterio de calidad mínimo.

Además de la certificación CE, hay que fijarse que en el etiquetado o pegatina colocada en la lente se faciliten ciertas informaciones como el filtro solar, la normativa que cumple o si protege o no contra los rayos ultravioleta (UV).

Los peques

Los niños/as pueden sufrir problemas en los párpados o en los lagrimales como consecuencia de la exposición solar, pero son quienes menos utilizan las gafas de sol. Debemos convencer a los niños de que se pongan las gafas de sol en verano, a veces incluso en la sombra, ya que superficies como la arena y el agua reflejan la luz solar. Para ello, hay que procurarles las gafas de sol adecuadas y hay que acostumbrarles desde muy pequeños a llevarlas.

El criterio a seguir en la elección de gafas infantiles es el mismo que para los adultos, con la salvedad de que conviene comprar las más cerradas por los laterales para asegurarnos de que no entre la luz. Las más apropiadas para los peques son las que, en lugar de sujetarse con patillas, incorporan una goma ajustable a la cabeza. De esta manera se evita que se caigan y se rompan mientras corren y juegan.

Artículo: Consumer.es. Nº 140