AdolescenteLa adolescencia puede ser más complicada si llega por adelantado, la llamada “pubertad precoz” supone la aparición de caracteres sexuales secundarios antes de los 8 años en niñas y antes de los 9 años en niños. El primer signo es el aumento del tamaño testicular; en ellos, y la aparición del botón mamario, en ellas. En ambos sexos aparece el vello en el pubis y las axilas, se incrementa la velocidad de crecimiento y hay cambios psicológicos.

Lo normal es que esta metamorfosis no comience antes de los 9 años en las chica y los 10 en los chicos.

Adaptarse a esta turbulenta etapa no es fácil, pero, si se produce antes, es más desconcertante para quienes no tienen madurez psicológica para asimilar los cambios.

Si hay algo a lo que los chavales le dan importancia es a sentirse parte de un grupo, vestirse como los demás, escuchar las mismas canciones… y desarrollarse al mismo ritmo. Las diferencias no son bien recibidas. La inseguridad es, además, caldo de cultivo para la aparición de complejos porque se sienten distintos a sus amigos/as y, en muchos casos, tendrán que sufrir algunos comentarios y burlas. Pero también puede tener repercusiones físicas, ya que se produce una maduración ósea acelerada y un cierre precoz de los cartílagos de crecimiento con el resultado de una estatura final baja.

Los factores genéticos tienen un papel importante, igual que la alimentación (la obesidad moderada sería un factor a considerar, ya que al tener mayor peso del que correspondería con su edad, el hipotálamo entiende que el cuerpo está preparado). Y algunas sustancias químicas que están presentes en productos cotidianos (plásticos, juguetes, utensilios de cocina, cosméticos, etc.) también podrían alterar el equilibrio hormonal.

En cuanto aparezcan los primeros signos, se impone una visita al pediatra, que realizará un diagnóstico y determinará si es preciso un tratamiento. A través de una radiografía de la mano verá si hay un adelanto de la edad ósea. También realizará una ecografía pélvica, pruebas hormonales y una resonancia craneal, para ver si existe alguna anomalía. Con estas pruebas, es posible hacer un pronóstico de crecimiento, cuándo llegará la regla y valorar si el tratamiento va a ser eficaz.

Los expertos recomiendan abordar el asunto con normalidad pero sin restarle importancia y explicarles, según las indicaciones del pediatra, pero sin olvidar su edad, qué son estos cambios, por qué se producen y cómo se van a tratar.

Comunicación, normalidad y refuerzo de la autoestima son las claves. Que sepan que la pubertad es una situación normal y que sus compañeros/as pasarán por lo mismo, que no son los únicos.

B. Navazo

Revista Mujer Hoy