El último informe sobre la infancia no deja bien la salud mental de las próximas generaciones. Uno de cada cinco niños/as y adolescentes padecen algún trastorno o problema de conducta. Del 20% de chavales, solo la quinta parte están diagnosticados y entre el 4 y el 6% padecen un trastorno grave. Las cifras han ido en aumento en las dos últimas décadas en los países desarrollados. El alza se atribuye a la ruptura de las estructuras familiares, desempleo entre los jóvenes y las poco realistas aspiraciones educativas y profesionales para los hijos/as.

Los expertos coinciden en que los trastornos mentales de los menores son el gran desafío sanitario del siglo XXI, como las enfermedades pediátricas lo fueron durante buena parte del XX. Alrededor de la mitad comienzan antes de los 14 años y el 70% han debutado ya a los 24. En España no se han realizado estudios de epidemiolgcos de las patologías mentales infantojuveniles, como ha denunciado la Asociación Española de Neuropsiquiatría en el «Informe sobre la salud mental de los niños y adolescentes» . Se admite de forma global una prevalencia entre el 10%-20%. En este mismo informe se pone de manifiesto la carencia de especialistas en salud mental infantojuvenil en el sistema sanitario español. La directora de UNICEF en España, Paloma Escudero, señaló durante la presentación del informe que el comité que evalúa el cumplimiento de la Convención de los Derechos del Niño en nuestro país ha recomendado el desarrollo de la especialidad de psiquiatría infantil.

Desde el nacimiento

Y es que la lista de trastornos mentales que afectan a los más pequeños es larga y comienza desde el momento del nacimiento, siendo de los primeros en manifestarse los del vínculo afectivo y los del espectro autista. Aunque sin duda los que tienen una mayor prevalencia son los de conducta, que ya se ponen de manifiesto desde los dos años, alcanzado un máximo en la adolescencia. Para Inmaculada Escamilla, psiquiatra infantojuvenil de la Universidad de Navarra en Madrid, los trastornos de conducta son solo la punta del iceberg y detrás se suele esconder otros problemas, como un cuadro de ansiedad, depresión, trastorno por déficit de atención o, con menos frecuencia, un trastorno bipolar. Una dificultad añadida en el diagnóstico es que los síntomas en esta etapa se manifiestan de forma diferente a los adultos, por lo que pasan desapercibidos a los profesionales no especializados. María Sixta Siles, psicóloga clínica infantojuvenil del centro Beck Psicología, explica que los trastornos de conducta «son un cajón de sastre que puede incluir bastantes problemas. Sobre todo en adolescentes suelen ir asociados a problemas emocionales, apreciándose rasgos depresivos o incluso una depresión mayor».

Que las cifras sean tan altas a estas edades es significativo de lo que vendrá después, apunta Ángel Peralbo, coordinador del área de Adolescentes del centro de Psicología Álava Reyes: «Cuando estudiamos muchas patologías en los adultos, como las adicciones, vemos que un 30% se han dado durante la infancia». Y es que la salud mental está muy determinada por los primeros años de vida y su promoción temprana es una inversión de futuro.

«Los padres, al tener ahora más información, consultan antes. Esto supone una labor preventiva muy importante, aunque en el caso de los adolescentes las consultas se suelen hacer cuando los problemas están más enquistados», apunta Sixta Siles. Aunque en la mayoría de los casos, la llamada de atención llega desde la escuela, coinciden los tres expertos. Peralbo precisa que a los problemas de aprendizaje les siguen en muchas ocasiones los de conducta. Y es que una de las cosas que genera mayor malestar en los más pequeños es el fracaso escolar, que afecta al 30%, apunta Inmaculada Escamilla. Y aumenta las posibilidades de problemas psicológicos.

El entorno

«Las características psicosociales y familiares en las que se desenvuelve el adolescente actual conlleva más trastornos psicológicos, así como un aumento de conductas de riesgo como el consumo de alcohol y drogas, que favorecen la agresividad y pueden provocar brotes psicóticos, precisa Sixta Siles. Según datos de la Encuesta Domiciliaria del Plan Nacional sobre Drogas (2010), el 28,4% de los chicos y el 17,9% de las chicas de 15 a 24 años consumieron alcohol en atracón en los 30 días anteriores. Según datos de UNICEF, el 18,7% de los adolescentes entre 14 y 18 años (casi uno de cada cinco) habían consumido cannabis en los 30 días anteriores a la realización de la encuesta.

Los tres especialistas coinciden en que faltan medios en la sanidad pública para atender a los menores con problemas mentales, que permite el acceso con cuentagotas a los psicólogos (135 este año para todo el territorio nacional, la mitad que el número de farmacéuticos). Muchos padres recurren a centros privados, pero no todos pueden asumir un tratamiento que puede ser largo y costoso.

La ausencia de terapia puede llevar a serios conflictos en la familia y a situaciones difíciles para el menor, cuyo comportamiento los padres no comprenden. Mientras los reality se nutren con los casos de adolescentes problemáticos, mostrándolos públicamente y contribuyendo a estigmatizarlos, en contra de las recomendaciones establecidas por el plan de Acción Europeo para Salud Mental de Helsinki. ¿Quién defiende a los menores?.

Artículo: abc.es

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