Durante el primer año de vida, la nutrición es muy importante, tanto para el crecimiento y maduración de tejidos y órganos como para ayudar a prevenir enfermedades crónicas, adquirir hábitos saludables y satisfacer necesidades afectivas ligadas a la alimentación. El aparato digestivo del lactante está especialmente adaptado para la leche durante sus primeros meses, pero irá madurando, por lo que poco después permitirá la entrada progresiva de otras comidas para lograr una alimentación más completa y variada.

Para María Luisa Arroba, miembro de la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria (AEPap), la lactancia materna tiene “todas las ventajas“, ya que mejora la inmunidad del bebé y la relación con él. A pesar de ello, comenta aquellas madres que no dan el pecho a sus hijos por diversos motivos no deben sentirse culpables y, en este sentido, asegura que no deben sentirse peores padres por ello.

Y es que la leche materna tiene la composición ideal para el bebé, ya que está específicamente adaptada a las características digestivas y a las necesidades nutritivas y de crecimiento del lactante. En esta línea, hay que destacar que la leche de la mujer no sólo contiene nutrientes, sino que también aporta enzimas de carácter digestivo, sustancias bacteriostáticas, factores bifidógenos y factores de crecimiento y desarrollo. Por ello, debe ser considerada como el alimento óptimo, único e inigualable.

Pero hay casos en los que es necesario recurrir a la lactancia mixta, consistente en que una parte de la leche que consume el niño/a proviene de la madre y la otra parte de una fórmula artificial. Esta necesidad puede deberse a que la madre no tiene suficiente cantidad de leche, de forma que en cada toma, el niño/a recibe primero el pecho y después la fórmula láctea en la cantidad que desee, o a que, por razones laborales, se decide seguir la técnica alternante, en la que el niño/a recibirá solamente la leche materna en una de las tomas, y en las demás consumirá exclusivamente la fórmula láctea.

Cuando se opta por la lactancia artificial, se suelen utilizar fórmulas lácteas, generalmente derivadas de la leche de vaca, lo más parecida posible a la de la mujer. En la actualidad existe una amplia gama de preparados para la alimentación artificial del lactante en función de su edad.

Alimentos complementarios

Según la doctora Arroba, como norma general, es a partir de los cuatro o cinco meses de vida cuando se debe suplementar la lactancia con otro tipo de alimentos complementarios. Lo primero que se puede dar a los pequeños es puré, papillas y fruta, pero siempre despacio.

“Habitualmente, a partir del cuarto mes podemos empezar o con cereales sin gluten o con puré de patata y carne o pollo, o con fruta. Se recomienda entre alimento y alimento esperar una semana para ver qué tal lo tolera el niño/a”, recalcó.

Después, a partir del sexto o séptimo mes, los especialistas aconsejan empezar a dar cereales con gluten y entre el noveno y el undécimo, yogur natural, pescado y yema de huevo cocido.

Pero a los seis meses, la alimentación complementaria nunca debe suponer más de 50% del aporte energético y, durante el primer año de vida, la cantidad de lácteos ingerida no debe bajar de medio litro cada jornada.

También se debe educar el sentido del gusto del lactante a través de la alimentación complementaria con una ingesta baja en sal y procurar limitar la introducción de alimentos dulces o endulzar los alimentos para evitar hábitos alimentarios congénitos. Además, se le debe ofrecer agua constantemente.

Durante el primer año de vida, las necesidades energéticas del niño/a se calcula que están entre 98 y 100 calorías por kilo, mientras que las proteínas deben suponer entre un 10 y un 12% de la ingesta de energía y proporcionar el nitrógeno necesario para la renovación de los aminoácidos y para la síntesis de las diferentes proteínas del organismo. Además, en los cuatro primeros meses de vida, la grasa debe representar del 40 al 55 % del aporte energético, disminuyendo hasta el 30 ó 35% a partir de esa edad.

Según el estudio “Influencia de los factores sociales en el desarrollo del niño durante el primer año de vida”, de la socióloga y enfermera Lourdes Gómez Díaz, presentado en el VII Congreso de la Asociación de Demografía Histórica (ADEH) en Granada, y teniendo en cuenta el crecimiento de los niños/as en función de si su alimentación es exclusivamente a base de leche materna, con fórmulas mixtas o a través de fórmulas lácteas, se observa que, entre los tres meses de edad y el año de vida, se produce un mayor aumento de peso en aquellos niños/as que han sido alimentados con un método mixto, siendo los más pequeños aquellos alimentados exclusivamente con lactancia materna.

Para la socióloga, este mayor crecimiento de los niños/as con alimentación mixta puede deberse a que se produce una sobrealimentación, ya que es muy difícil saber cuándo un niño/a está bien alimentado. La madre asocia el llanto del bebé a que tiene hambre, por lo que recurre a la comida para calmar su intranquilidad, dándole más cantidad de la que realmente necesita. A su vez, tiene la sensación de que su propia producción de leche es escasa, por lo que añade lactancia artificial.


Artículo: Estar Bien. Nº 124

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