Cereales y frutaLos niños empiezan muy temprano su actividad, tanto física como intelectual, y eso requiere mucha energía. Por eso, para que puedan afrontar bien el día es vital que tomen un buen desayuno. Su aporte calórico debería representar el 25% del total de la dieta del niño, casi igual que la comida (30%) o la cena (30%), repartiéndose el 15% restante entre el tentempié de media mañana y el de la merienda.

El desayuno es tan importante que incluso condiciona el aprendizaje. De hecho, según un estudio de la Asociación Española de Pediatría los niños que no desayunan son más apáticos y tienen un menor rendimiento escolar.

Por otro lado, un desayuno completo y equilibrado es el mejor antídoto contra la obesidad infantil. Está demostrado que la prevalencia de obesidad es superior en las personas que no desayunan o que lo hacen mal, ya que llegar con demasiada hambre al mediodía suele provocar que se coma peor (más grasas) y más de lo necesario. Además, la mala distribución de las comidas aumenta la probabilidad de que el cuerpo asimile la grasa en vez de quemarla. Y la falta de energía limita la actividad en los juegos y predispone al sedentarismo. Los datos del Ministerio de Sanidad cifran en un 8,5% la tasa de niños obesos (entre 2 y 17 años) y en un 18,2% la de niños con sobrepeso. Y hay una alta probabilidad de que el niño obeso sea un adulto obeso.

En general, desayunamos poco y mal porque cenamos tarde y nos vamos tarde a la cama. La consecuencia es que al día siguiente nos levantamos con el tiempo justo y vamos con prisa, y el gran perjudicado es el desayuno.

Lo malo es que además, sin querer, transmitimos esa prisa a nuestros hijos/as y les contagiamos esa dinámica. Y los niños/as siempre se quedan mucho más con lo que ven en casa que con lo que les decimos, de forma que si notan que no valoramos el desayuno, lo habitual es que ellos tampoco lo hagan.

Artículo: Diezminutos.es