Existen muchos mitos sobre la tripa de la futura mamá: que si es redondita el bebé va a ser niña y si es picuda, niño; que cuanto mayor es el volumen de la tripa, mayor es el bebé; que si la tripa está muy alta, el niño va a nacer de pie… Pero no hay base científica que los justifique. Aunque lo mas importante es que el médico observe la forma de la tripa de la embarazada y que controle cómo va cambiando durante los meses de gestación, porque le ayuda a percatarse de posibles problemas y le anuncia la proximidad del parto.

Desde el momento en que se produce el embarazo, el útero materno comienza a dilatarse. Y empieza a hacerlo por abajo, por la zona que está más cercana al pubis. Éste es el motivo por el que la buena nueva, de la que la madre es consciente en las primeras semanas, tarda unos meses en hacerse visible a los ojos de los demás. Y también explica por qué al principio la tripa de la embarazada tiene forma de pera y está más gordita por abajo que por arriba.

También es normal que durante el 2º semestre la tripa esté ligeramente ladeada hacia la derecha (el lado izquierdo está ocupado por el colon) y que la futura madre sienta molestias en esta zona (se deben a que el niño/a se ha colocado de tal forma que le está oprimiendo el hígado).

Pero además del crecimiento del útero, hay otros muchos factores que justifica el hecho de que no haya dos embarazadas que tengan la tripa igual: que sean más o menos anchas de caderas, que estén engordando lo justo o más de lo aconsejable, que sean gorditas o delgadas de constitución, que éste sea su primer embarazo…

En la forma de la tripa, lógicamente, también influyen los movimientos y la postura que adopte el bebé.

A medida que el niño/a crece y va ocupando la cavidad uterina, la forma de la tripa se va haciendo más globular. Es entre las semanas 36 y 38 de la gestación cuando adquiere el mayor volumen. Cuando te encuentres en esta fase, tu tripa parecerá un auténtico globo y como se prolongará hacia la boca del estómago, oprimiéndote el diafragma, puede que te cueste más respirar. De todos modos, esta situación no durará mucho. Al final de la gestación, entre el octavo y el noveno mes, tu pequeño se encajará; es decir, se pondrá cabeza abajo metiendo la cabeza en tu pelvis, y este cambio de postura hará que la tripa se te baje, adquiriendo una forma ovalada. Esto te permitirá respirar mejor y te anunciará que tu hijo está listo para nacer.

Artículo: Crecer Feliz

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