El sarampión mata, sobre todo a niños/as pequeños; es capaz de desencadenar una infección tan grave que destroza el cerebro.

La Organización Mundial de la Salud confiaba en que hubiera desaparecido de Europa para el año 2010, pero lejos de erradicarse, ha rebrotado con fuerza. Casi 30.000 ciudadanos del Viejo Continente sufrieron su azote el año pasado. Ocho de ellos lo pagaron con su vida y otros 26 con una encefalitis que, irremediablemente, les complicará la vida y les adelantará la muerte.

¿Por qué está pasando esto, si existe una vacuna que lo previene y que, además, está incluida en el calendario infantil de vacunación?.

Los expertos coinciden al apuntar sobre todo a una razón y es que cada vez son más los padres que por ignorancia o por lo que sea, deciden no proteger a sus pequeños contra una de las enfermedades más contagiosas que se conocen. Con su decisión, ponen en juego la vida de sus pequeños, pero también la de sus vecinos. La situación es tan grave que médicos y científicos no dudan en pedir que se castigue con multas y sanciones penales a los padres que se nieguen a vacunarles. Australia ya lo hace.

El país más afectado de todos es Francia, donde los 4.000 pacientes atendidos en 2010 se convirtieron el ejercicio pasado en más de 15.000. La situación en España está más controlada, pero las cifras publicadas tampoco invitan al optimismo. Los 1.900 casos de 2011 multiplican por diez los anotados un año antes.

El problema es que para mantener el sarampión a raya se necesitan coberturas de vacunación muy amplias, superiores al 90%, aunque lo ideal es el 95%. No olvidemos que hablamos de una enfermedad extremadamente contagiosa y que cuando se detectan pequeñas bolsas de afectados, lo más seguro es que acaben contrayéndola todas las personas susceptibles de enfermar. Es decir, todas las que están sin vacunar.

El sarampión, a pesar de que dispone de una vacuna eficaz, está considerado como una de las principales causas de muerte entre los niños/as más pequeños y los jovenes a partir de 20 años. La mayoría de las 200.000 víctimas mortales contabilizadas el año pasado fueron menores de 5 años. Provocada por un virus, es ésta una patología exclusiva de los humanos que se transmite por el aire, como la gripe. Los síntomas son: fiebre altaojos llorosos y la aparición de manchas rojas por toda la piel. Algunos casos se complican y provocan ceguera y encefalitisuna infección que daña gravemente el cerebro.

Una de sus características más peculiares, y una de las razones por las que se le teme tanto es su altísima capacidad de contagio. Basta con estar al lado de un enfermo para infectarse.

En defensa de las vacunas, bastan los datos de la evidencia. En el año 1900, un recién nacido tenía una esperanza de vida de 35 años, pero si lograba superar la adolescencia podía llegar a los 57. Las campañas de vacunación se iniciaron en España en 1950 y la esperanza de vida de un bebé se elevó entonces a los 62 años y hasta los 67 si superaban la barrera de los 15 años. Hoy esa diferencia es solo de doce meses. 78 y 79 años respectivamente. Tenemos una mayor esperanza de vida y eso es el resultado de los avances que se han logrado en tres campos, que son la nutrición, la higiene y la vacunación.

Artículo: Periódico El Correo. Nº 32.311