Juegos que animan a leerAcercar los libros a los lectores más pequeños debe implicar a todos los ámbitos de su vida, principalmente, escuela y familia.

En este sentido, existen diferentes empresas y asociaciones dedicadas a fomentar el hábito de la lectura.

SIC, Servicios Culturales,  es una organización dedicada al diseño, gestión de proyectos y actividades culturales.

Está especializada en fomento a la lectura para niños y jóvenes y diseña y desarrolla programas específicos para prelectores, niños y niñas de entre 3 y 6 años, que se vienen realizando con éxito en diferentes bibliotecas municipales y escolares de la Comunidad Autónoma del País Vasco.

Para animar a leer a los peques resulta imprescindible contar con programas de calidad que tengan en cuenta unos objetivos comunes, consensuados por educadores, bibliotecarios y padres y que pongan en marcha estrategias atractivas para los pequeños.

Aunque desde la escuela, la biblioteca y la casa, se intenta conseguir que los niños y niñas sean adultos lectores, ya nadie cuestiona hoy los beneficios de la lectura, muy pocas veces se trabaja conjuntamente y cada uno de los tres espacios se convierten en compartimentos-estanco donde el objetivo primordial de disfrute de la lectura y los libros puede quedar debilitado.

Los datos recogidos en los últimos estudios realizados sobre hábitos lectores presentan una realidad que nos obliga a reflexionar, compartir información y buscar nuevas fórmulas que aseguren un mayor nivel de éxito.

Mientras no se generalice el funcionamiento de programas que actúen desde el momento del nacimiento, como los que ya existen en Cataluña (“nacidos para leer”), la familia será el primer canal de contacto de los niños con los libros y los padres tendrán la importante tarea de realizar una animación lectora temprana.

El contacto con los libros, al igual que ocurre con la música, puede darse desde los primeros meses del bebé e incluso antes de su nacimiento. Podemos leer al bebé un cuento amable de animalitos de Beatriz Potter de la misma manera que escuchamos con él la primavera de Vivaldi. Todos los estímulos de los textos y las notas, junto con la voz y las caricias, servirán para despertarle los sentidos y mostrarle algunas de las fuentes de disfrute que ha de encontrarse más adelante, en su infancia, adolescencia, juventud,… y que pueden acompañarle durante toda la vida.

Cuando el bebé tiene meses puede disfrutar de los cuentos de diferente manera, podemos contárselos y los tocará, los morderá, los lanzará… para esta edad son muchas las editoriales que cuentan con volúmenes irrompibles. Incluso los hay para la hora del baño, por lo que se convierten en un juguete más en el agua.

Más adelante, cuando el niño/a comienza a hablar, contarle cuentos le ayuda a ampliar su vocabulario, le informa a través de las palabras y de las ilustraciones y despierta su imaginación y curiosidad. Es el momento de visitar la biblioteca, algunas cuentan con zonas especiales para niños/as de hasta seis años. Son espacios para disfrutar en familia y con otros niños y niñas, suelen estar equipados con un fondo de cuentos amplio y organizado por franjas de edad.

También la bibliotecas programan actividades infantiles relacionadas con la lectura: narración oral, teatro y programas específicos para prelectores donde los cuentos se combinan con los juegos.

Las librerías son otro espacio interesante para encontrarse con los  libros, una actividad que puede ser divertida para toda la familia.

Además de las grandes librerías con zona infantil, existen las librerías especializadas donde el espacio es adecuado para estar con los niños y niñas. Cuando el pequeño va creciendo es importante que vaya eligiendo sus lecturas, no siempre el criterio del niño y del adulto tienen que coincidir.

De vuelta a casa los libros, prestados en la biblioteca o comprados en la librería, tendrán un hueco en la estantería. Es bueno que los padres trasmitan a los hijos que los libros, los cuentos, son algo valioso, un tesoro que compartimos, cuidamos y que nos reporta momentos de placer. La casa puede tener un espacio para los libros de los adultos aunque es bueno que los pequeños cuenten con una biblioteca propia en su habitación.

Por último habría que señalar que los hijos imitan siempre a los padres y, como en otras cuestiones, si ven a los adultos leyendo, disfrutando, habrá muchas más probabilidades de contagiar el hábito lector.

 

Para más información: www.serviciosculturales.com