Enseñarles a comerCasi uno de cada seis menores españoles de entre 6 y 12 años padece obesidad, y a una cuarta parte de quienes no han cumpido 24 años la báscula les advierte de que pesan más de loa adecuado.

España es uno de los países europeos con mayores tasas de obesidad infantil. ¿La razón?. El excesivo consumo de alimentos ricos en grasas y de productos dulces, y la tradicional retitencia de los niños a ingerir fruta, pescado y hortalizas. Las nuevas costumbres de niños y jóvenes, más sedentarias que de las eneraciones anteriores (el uso intensivo de Internet, y la adicción a los videojuegos no son ajenos a ellos) y la escasa actividad física componen el resto de este explosivo cóctel que hipoteca la salud de muchos niños y jóvenes.

La Solución.

¿Qué se puede hacer para que aprendan a comer bien, y para que disfruten comiendo lo que, de entrada, no les gusta o incluso detestan?. La recompensa es un método poco aconsejable. Ofrecerles como premio algo que les atrae mucho, como el postre o las “chuches”, si se comen lo que les agrada no es buen método.

Los especialistas aseguran que en ciertas circunstancias los premios pueden aumentar la disponibilidad para modelar la consucta alimentaria pero sugieren ofecer recompensas no alimentarias como el reconocimiento  (“estoy muy orgulloso de tí”, “estás aprendiendo mucho”) o pequeños objetos, como pegatinas o un lápiz de colores, cuando comen todo lo que deben.

Insistir tanto en casa como en el centro escolar sobre la importancia de adquirir hábitos alimentarios saludables y compaginar esta formación con el ofrecimiento cotidiano de menús equlibrados  y bien planteados que acaben agradando a los peques, es la mejor manera de que aprendan a comer de todo.

El ejemplo en casa

Los niños/as comen lo que ven que sus padres comen.

Hay que edeucar a los niños en sabores diferentes que les permitan disfrutar de una alimentación rica, variada y saludable. Es tarea de padres y madres en casa, y de educadores y profesionales de restauración colectiva en el comedor escolar, inculcarles hábitos alimentarios saludables.

Eso sí, sin renunciar a que las comidas constituyen un momento placentero. Y, si de paso, los mayores apendemos a comer un poco mejor, mejor para todos.

Fuente: Consumer Eroski. Marzo 2010