La aparición espontánea de manchas blancas con forma indefinida, o con forma de nube, en las uñas suele ser frecuente en la población infantil, aunque también entre las personas adultas. Estas manchas, comunes y recurrentes, salen desde la raíz de la uña y avanzan hacia el extremo de los dedos al tiempo que crece la uña.

El término médico que define la aparición de manchas blancas en las uñas se denomina leuconiquia. Éstas se originan a consecuencia de micro-roturas que se producen en la base de la uña, llamada matriz, donde se crean las células de la uña. Las manchas blancas aparecen si uno se golpea las uñas, muchas veces sin percatarse de ello. Además, las uñas se vuelven más frágiles si están con frecuencia en contacto con agua (sobre todo caliente) o con sustancias agresivas como detergentes, disolventes o ácidos.

No obstante, la aparición de estas pequeñas manchas blancas puede revelar una ingesta deficiente de ciertos nutrientes en la alimentación habitual, en particular aquellos que participan en la formación, el crecimiento y el desarrollo de los componentes de las uñas. El zinc, el hierro, la vitamina B6 (relacionada con el metabolismo del zinc) y la vitamina A son algunos de los nutrientes más comprometidos. La deficiencia de alguno de estos nutrientes no influye directamente sobre la presencia de dichas manchas, aunque provoca mayor fragilidad y debilidad en las uñas, haciéndolas más sensibles a traumatismos que dejan huella.

El papel de la dieta

Incluir en la dieta alimentos ricos en los nutrientes involucrados en la formación de las uñas es un primer paso para tratar de corregir una posible deficiencia. Aunque hay que tener en cuenta que el origen de las manchas no es siempre dietético. Son alimentos ricos en zinc: las carnes en general y el hígado en particular, el marisco, el pescado, los lácteos (más abundante en los quesos curados), los huevos, los frutos secos, las semillas de calabaza, las legumbres y los cereales integrales.

El hierro que contienen los alimentos de origen animal, como el hígado, las carnes y los pescados, se encuentra en forma hemínica (hierro hemo) y se absorbe bien en el organismo. La leche y sus derivados apenas contienen hierro. Entre las fuentes de origen vegetal, las legumbres, los frutos secos oleaginosos (pistachos, nueces o almendras), los desecados (orejones, uvas y ciruelas pasas o higos secos) y las verduras de hoja, contienen hierro en porcentajes elevados, incluso superiores que las carnes, pero su tasa de absorción es bastante menor, ya que se encuentra en su forma no hemínica (no hemo). La yema de huevo contiene asimismo hierro no hemo.

La vitamina B6 se encuentra ampliamente distribuida en los alimentos. En los vegetales, abunda en los cereales integrales, las nueces y, en general, en todos los frutos secos grasos (almendras, cacahuetes, avellanas, entre otros), en las vísceras como el hígado y los riñones, y en menor cantidad, en frutas como el plátano y la piña. La levadura de cerveza también es un buen complemento de esta vitamina.

Las fuentes dietéticas de retinol o vitamina A son los pescados grasos, los lácteos enteros y las grasas lácteas (mantequilla y nata), las margarinas, la yema de huevo y el hígado. Asimismo, la vitamina A se obtiene a partir del beta-caroteno o pro-vitamina A conforme el cuerpo lo necesita. Esta sustancia está presente en gran variedad de frutas y hortalizas de color amarillo-anaranjado: zanahoria, calabaza, mandarina, melocotón, albaricoque, por citar algunas.

Artículo: Eroski Consumer

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