Plato de ensaladaSegún los últimos estudios, en España la tasa de niños/as obesos se sitúa en torno al 14% de la población pediátrica, cifra que ascendería hasta un 26,4% si se le añade el grupo de niños/as con sobrepeso. La mayor disponibilidad de alimentos inadecuados, tanto en cantidad como en calidad, y un cambio hacia estilos de vida más sedentarios han conducido a lo que ya se considera una de las pandemias del nuevo milenio también en la población infantil: la obesidad.

 

Para evitar engrosar estos porcentajes, la educación nutricional debe ser efectiva e incidir en tres niveles: el niño, la familia y la escuela. Está comprobado que la mayoría de los programas de prevención deben introducirse durante los primeros años de vida, momento en el que se establecen los hábitos y conductas dietéticas y de estilo de vida. La prevención deberá ser todavía más exigente en aquellos niños/as con factores de riesgo conocidos.

 

Las necesidades nutritivas de la población infantil están condicionadas por la etapa de crecimiento, eldesarrollo de los huesos, dientes, músculos, etc… En este sentido, las exigencias energético-proteicas de un niño/a son más elevadas que las de un adulto.

Los requisitos energéticos se relacionan con la ingesta calórica que se precisa para atender tres cuestiones: cubrir el metabolismo basal (valor mínimo de energía necesaria para que el organismo pueda subsistir), mantener la tasa de crecimiento adecuada y desarrollar actividad física. Para atender estas necesidades el aporte energético deberá proceder entre un 50 y un 60% de los hidratos de carbono, entre un 25 y un 30% de los lípidos(grasas) y en torno a un 10 o un 15% de las proteínas.

 

En cuanto al aporte proteico, por edades, se establece en 16 g/día para niños/as de entre 1 y 3 años; 24 g/día en edades de entre 4 y 6 años y de 28 g/día para el grupo de 7 a 10 años.

 

Entre los minerales y vitaminas esenciales en la ingesta de un niño/a figuran, principalmente, el calcio, necesario para que el crecimiento óseo sea adecuado. Como se sabe, la principal fuente de calcio es la leche y derivados. El hierro también se sitúa entre los minerales fundamentales para el organismo infantil. Hay que tener en cuenta que los niños/as de entre 1 y 3 años son los más susceptibles de sufrir deficiencias de hierro. El zinc, por su parte, es un mineral esencial para el crecimiento y, como tal, es necesaria su presencia en la dieta infantil con unos 10 mg al día. Los alimentos más ricos en zinc son las carnes y los pescados.

 

En la edad infantil también es prioritaria la vitamina D, necesaria en la absorción del calcio.

 

Como consejo nutricional básico infantil se puede establecer de forma genérica un consumo de al menos medio litro de leche diario. Además, deben evitarse las grasas de origen animal, rehuyendo la ingesta de dulces y de bollería industriales. De forma diaria, deben incluirse alimentos ricos en fibra. Es más aconsejable tomar la fruta entera ya que incluye toda su fibra.

 

Las causas de la obesidad están todavía por establecer debido a la implicación de factores muy variados entre los que figuran los ambientales, genéticos, neuroendocrinos, metabólicos, conductuales y de estilo de vida. Se trata de un aspecto sanitario de tal calado que la persistencia de la obesidad infantil hasta la edad adulta aumenta significativamente el riesgo de padecer patologías tan graves como diabetes mellitus, enfermedad cardiovascular, hipertensión, colecistitis (inflamación de vesícula biliar) y colelitiasis (cálculos en vías biliares).

 

El tratamiento de la obesidad suele realizarse en tres fases sucesivas. La primera es la del inicio del tratamiento, etapa en la que no se debe pretender disminuir el peso sino estabilizarlo a la vez que inculcar unos hábitos de alimentación y estilo de vida saludable. Por lo tanto requiere un cambio de conducta en el que la influencia de la familia juega un papel primordial. La segunda fase será la de adhesión al tratamiento, en la que debe asegurarse la comprensión, aceptación y realización del tratamiento propuesto. Por último, la fase de mantenimiento es la etapa en la que se debe seguir supervisando la consolidación de los hábitos alimentarios y la práctica de ejercicio físico regular.

 

Además hay que subrayar que en cada una de las fases de tratamiento deben contemplarse tres pilares básicos: la modificación de la ingesta energética por debajo del gasto energético, el aumento de la actividad física y la modificación de la conducta alimentaria.

 

 


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