El nombre no es fácil (TDAH) pero ayuda a saber un poco más de esta alteración neurobiológica que afecta a entre un 5 y un 10% de la población infantil y , sin embargo, es todavía una gran desconocida.

El TDAH no se limita a los niños/as que presentan hiperactividad motora e impulsividad, sino que incluye a los niños/as predominantemente inatentos; además, existe un tercer subtipo: el combinado, en el que concurren la hiperactividad y la falta de atención. Tampoco es muy conocido que los síntomas del trastorno persisten en la edad adulta en un 60-80% de los casos.

El TDAH es más frecuente en niños, con una relación de 4 varones afectados por cada niña. Y en las niñas, lo habitual es que se manifieste como un déficit de atención exclusivamente (el trastorno se hace casi invisible) lo que dificulta el diagnóstico a edades tempranas en comparación con los casos en los que predomina la hiperactividad. “Un niño hiperactivo no deja de moverse, molesta en clase, mientras que una niña inatenta es fácil que pase desapercibida y el diagnóstico no se hace hasta los 12 o 13 años, cuando el nivel de exigencia escolar es mayor”, explica Raquel Bengoechea, psicóloga de la Fundación Cantabria Ayuda al Déficit de Atención e Hiperactividad (CADAH).

Aunque la detección del trastorno “es complicada” en todos los casos, porque es “es difícil encontrar profesionales especializados”, dice Estefanía Santurde, psicopedagoga, que añade que la sintomatología debe estar presente en los dos ambientes del niño/a, la casa y la escuela. El diagnóstico suele hacerse a los 6-7 años, cuando los síntomas ya pueden distinguirse de una inquietud, una actividad y un despiste “normales” en niños/as más pequeños, aunque en muchos casos se puede demorar hasta que el fracaso escolar se hace evidente. Para realizar un diagnóstico de TDAH es necesario que los síntomas causen dificultades en la vida del niño/a 8sobre todo en el ámbito escolar) y que estén presentes de manera constante.

Aunque son muchas las causas que concurren para que se produzca un TDAH (problemas en el embarazo y el parto, como consumo de alcohol y tabaco), el factor más importante es el genético, de forma que un niño/a con uno de los progenitores hiperactivo tiene un riesgo ocho veces mayor de desarrollar el trastorno. Lo cuál está estrechamente relacionado con el ambiente en que vive el niño/a, que, aunque no actúa como causa, sí es decisivo en la evolución y el pronóstico. “Es necesario que el niño/a se desarrolle en un ambiente estructurado, ordenado, con unas normas claras, y que conozca las consecuencias de saltárselas”, dice la psicóloga de CADAH.

Que el padre del niño/a sea también hiperactivo puede ser un arma de doble filo. A veces contribuye al diagnóstico precoz, “porque el niño/a es un reflejo del padre cuando era pequeño” y eso favorece una intervención temprana. Pero otras veces ese reflejo supone precisamente un freno y es que muchas veces, “los padres no quieren aceptar que su hijo/a tiene un problema, es entonces cuando hay que explicarles lo importante que es actuar cuanto antes para evitar las consecuencias”.

Unas consecuencias que van más allá del fracaso escolar. El niño/a con TDAH tiene baja autoestima y siente que no se le valora, sufre aislamiento social y presenta muchas dificultades para relacionarse con los demás. Las niñas inatentas, que suelen pasar inadvertidas, a la larga pueden desarrollar ansiedad o depresión. A edades más avanzadas, pueden aparecer alteraciones del comportamiento y el TDAH puede ir asociado a un trastorno negativista-desafiante o empujar al consumo de sustancias “por la necesidad de pertenecer a un grupo y sentirse aceptados por los demás”.

Los niños/as con TDAH “necesitan refuerzo y motivación y mucho cariño, y además lo agradecen en cuanto lo notan, porque (explica Raquel Bengoechea) está acostumbrados a estar siempre castigados y a recibir reproches continuamente”. “Saben que por mucho que se esfuercen acabarán castigados, y que al final del día siempre pesa más lo negativo que lo positivo”, añade la pedagoga de la fundación.

La fundación CADAH, que se puso en marcha hace 2 años y medio, trabaja con los niños/as agrupados por edades y características comunes, con el objetivo tanto de mejorar el rendimiento escolar (con los deberes) como de adquirir habilidades sociales o reducir el déficit de atención mediante programas específicos.

Artículo: eldiariodecantabria.com